agustinos ilustres
Fray Luis de León
Vino al mundo en la noble villa de Belmonte y fueron sus padres don Lope de León y doña Inés de Varela. Fue Luis el primero de seis hermanos. Nombrado don Lope abogado de la Corte, hubo de trasladarse con toda su familia a Madrid, cuando su primogénito no había cumplido todavía los seis años; poco después fijaban su residencia en Valladolid. Y al cumplir los catorce años de edad, don Lope lo envió a estudiar Leyes en Salamanca. Pero no más de cuatro meses siguió aquellos estudios, ya que, atraído por la vida ejemplar que se vivía en el Convento de san Agustín, decidió ingresar en él. Un año de noviciado y el 29 de enero de 1544 hacía su profesión religiosa.
Fue el catedrático más famoso de la Universidad de Salamanca. Sobre sus clases comenta con acierto A. Bell:
“Fray Luis de León dejó en varias generaciones de estudiantes el profundo sello de sus explicaciones, llenas de estímulo, personalidad, vida y lucidez. Tuvo siempre el don de captarse las simpatías de sus oyentes y de mantenerse en íntimo contacto con ellos; como era un brillante dialéctico, lo mismo deleitaba al más exigente auditorio con su certera y bien fundamentada argumentación de estilo escolástico, que hacía ver el palpitante interés y la incomparable poesía de las Sagradas Escrituras, o daba un cálculo científico acerca de la duración de la tierra (Cf. Opera, vol. III, 474-81)”.
El poeta, el pensador, el teólogo, el biblista, el místico, que todo eso es fray Luis, se dieron la mano para crear obras tan acabadas como sus Poesías, la Exposición del Cantar de los Cantares, La perfecta casada, Los Nombres de Cristo y la Exposición del Libro de Job.
Precisamente, uno de estos escritos –Exposición del Cantar de los Cantares–, junto con algunas de las opiniones manifestadas en sus clases y, sobre todo, la envidia de algunos de sus émulos en la Universidad de Salamanca le valieron casi cinco años de prisión en las cárceles de la Inquisición en Valladolid. Absuelto de las acusaciones, regresó en olor de multitudes y con renovado prestigio a su cátedra de Salamanca. De allí en adelante hubo de alternar sus clases con comisiones oficiales, entre las que sobresalen: las representaciones para resolver asuntos importantes de la Universidad ante las más altas jerarquías, ejecución de los Breves pontificios a favor de la Reforma de santa Teresa y la publicación de las Obras de la Santa, comisionado por el Consejo Real. Y dentro de la propia Orden fue animador de la reforma de los Agustinos Recoletos. Acabó sus días en Madrigal de las Altas Torres, a los nueve días de haber sido elegido Prior Provincial de la Provincia de Castilla, el 23 de agosto de 1591. Sus restos reposan hoy en un austero a la vez que artístico monumento en la capilla del conocido edificio antiguo de la Universidad de Salamanca.
Santo Tomás de Villanueva
Es uno de los santos de mayor brillo en el santoral agustiniano. Nació en Fuenllana (España), un pequeño pueblo de la provincia de Ciudad Real, el año 1486. La educación recibida de sus padres y su paso como alumno por el convento franciscano de Villanueva de los Infantes, marcaron en su alma una particular sensibilidad por los pobres. Más tarde, recibiría el título de “Limosnero de Dios” y “Arzobispo de los pobres”.
Los años en contacto con la Universidad de Alcalá, donde obtuvo el título de Maestro en artes, dejaron en Tomás una profunda huella humanística. De Alcalá pasó a Salamanca y aquí ingresó en el Convento de San Agustín, lugar de su profesión religiosa, que se celebró el 25 de noviembre de 1517. Después de la ordenación sacerdotal – en 1518 -, los superiores le encomendaron distintas tareas de gobierno y los cargos se sucedieron uno tras otro como Prior, Provincial, Visitador… Su mayor empeño era la vida de las comunidades y la observancia responsable de las normas. También promovió el envío de misioneros agustinos al Nuevo Mundo. Confesor y predicador de Carlos V, al quedar vacante la sede de Valencia fue propuesto – contra su voluntad- arzobispo de aquella diócesis mediterránea en 1544. Al conocer la noticia el entonces General de la Orden, Jerónimo Seripando, felicitaba a fray Tomás y a la diócesis valentina “que tendrá un pastor como lo describe san Pablo”.
Fray Tomás encontró una diócesis abandonada después de más de un siglo sin obispo residencial. Visitó una a una todas las parroquias, convocó un sínodo en 1548, adelantándose a Trento fundó en 1550 el Colegio-seminario de la Presentación para atender la formación de clero, asistió a los menesterosos e intentó la evangelización de los moriscos.
El obispo agustino de Valencia vertía su formación universitaria en la predicación y en los escritos ascéticos y místicos. Sus fuentes preferidas eran la Biblia, los Padres de la Iglesia (con atención especial a San Agustín) y los autores espirituales de la época.
Murió en 1555. Fue declarado beato en 1618 por Pablo V y proclamado santo por Alejandro VII el 1 de noviembre de 1688. Por su celo apostólico, su doctrina, su atención a los pobres y sus intuiciones pastorales, ha pasado a la historia como modelo de obispo. Sus restos mortales se conservan en la catedral de Valencia.
San Juan De Sahagún
Sahagún de Campos es una villa de la provincia de León, en España. Tierra austera herida por el sol y camino obligado de peregrinos hacia Santiago de Compostela.
Fue centro de la influencia cluniacense en España, con jurisdicción sobre casi un centenar de monasterios, conventos e iglesias. Aquí nació Juan el año 1430 ó el 1431 y recibió la primera educación de los monjes benedictinos que tenían entonces un monasterio en Sahagún.
Se trasladó a Salamanca cuando tenía treinta y tres años para dedicarse al estudio. Allí vistió el hábito como Fr. Juan de Sahagún, el 18 de junio de 1463.
Amaba el estudio, sobre todo el de la Sagrada Escritura. La libertad evangélica de su predicación le acarreó la persecución por la verdad y la justicia. Por su palabra mansa y enérgica a la par, se dice de él que “arrullaba y tronaba a la vez”. Su mediación hizo posible un pacto de perpetua concordia entre dos bandos guerreros que eran signo de discordia y división en la ciudad de Salamanca. Cuando asistían al culto litúrgico los nobles y las autoridades civiles y predicaba Fr. Juan, no dudaba en denunciar el mal gobierno y las injusticias cometidas por los gobernantes.
Junto con santa Teresa de Jesús, comparte el patronazgo de Salamanca y se le conoce como ángel de la paz. La eucaristía fue la fuente de su fuerza y de su valor. Fray Juan murió en el convento de San Agustín el 11 de junio de 1479, a los cuarenta y nueve años.
“Después de la muerte de este Santo religioso excede de doscientos el número de los milagros que fueron vistos ante su sepulcro”, dice san Alonso de Orozco, testigo de algunos. Fue beatificado en 1601 por Clemente VIII y canonizado el 15 de julio de 1691 por Inocencio XII.
San Alonso de Orozco
Nació en Oropesa, provincia de Toledo (España) el 17 de octubre del año 1500. Enviado a la Universidad de Salamanca, se sintió atraído por el ambiente de santidad del Convento San Agustín y entró en la Orden en 1522.
Un año más tarde, profesó en manos de santo Tomás de Villanueva. Junto con otros religiosos – sobresalientes en ciencia, santidad y celo apostólico -, forma parte de un grupo granado de agustinos que se mueven cronológicamente en el siglo XVI y escriben uno de los capítulos más gloriosos de la historia de la Orden Agustiniana.
Ordenado sacerdote, ocupó diversos cargos que sirvieron para poner de relieve su carácter magnánimo y comprensivo. En 1554, siendo superior del convento de Valladolid fue nombrado predicador real por el emperador Carlos V y, al trasladarse a la Corte a Madrid, pasó al convento de san Felipe el Real y continuó en el mismo oficio bajo el reinado de Felipe II. El llamado “santo de san Felipe” murió en 1591 en el Colegio de la Encarnación o de doña María de Aragón, hoy sede del senado español.
Escribió numerosas obras de carácter ascético y teológico en las que demuestra su espíritu contemplativo, su alta valoración de la Eucaristía hasta el punto de recomendar ya en aquel tiempo la comunión diaria, su filial devoción mariana y su amor a la Orden Agustiniana. Conocía bien a san Agustín y en sus escritos y sermones abundan las citas del obispo de Hipona. Quiso ser misionero y acompañar al grupo de connovicios que embarcaron como evangelizadores hacia el nuevo mundo. En 1547 – durante la travesía hasta Canarias – enfermó y los médicos le recomendaron que regresara a la península.
En el cuadro de los autores espirituales agustinos, Alonso de Orozco es el más fecundo y más leído de los escritores en su siglo. Sus obras, escritas en castellano y en latín, fueron reeditadas y traducidas a distintas lenguas. A través de su extensa producción de literatura espiritual se puede comprobar la solidez de su doctrina. En ella se revela como maestro de oración, atento – al mismo tiempo – a las necesidades de los menesterosos.
Otro aspecto a subrayar en la biografía de Alonso de Orozco es su actividad como fundador de conventos de agustinos y agustinas, y reformador de la vida religiosa. “La vida común y unidad fraternal de la Orden debe ser amada y seguida, porque es buena y provechosa para amar y servir a Dios de todo corazón”, escribió San Alonso (Instrucción de religiosos).